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Reubicación de los vendedores, una de las tareas pendientes en el Centro



Fuente: El Heraldo

La ejecución del proyecto se inició en julio de 2016 y estaba pactado para entregarse en enero de 2017. Hasta hoy avanzan en un 90%.

El proyecto de peatonalización del Centro de Barranquilla, el cual estaba pactado para entregar en enero de 2017, sigue siendo la tarea pendiente del Distrito en materia de espacio público. Mientras tanto, con lugares como el Gran Malecón y la remodelación de los parques buscan suplir las necesidades de la ciudadanía con respecto a este tema.

Así, Barranquilla pasó de 0.85 metros cuadrados por persona en 2016, a 1.2 metros cuadrados, aproximadamente, en la actualidad, según los registros de la Secretaría Distrital de Control Urbano y Espacio Público.

Sin embargo, estas acciones han sido insuficientes, según manifiestan arquitectos como Alfredo Gómez, presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos seccional Atlántico, y Manuel Moreno, decano de la Escuela de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad del Norte.

Sus apreciaciones se basan en el Decreto 1504 de 1998, por el cual se reglamenta el manejo del espacio público en los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), en el que se anuncia en el artículo 14 que “se considera como índice mínimo de espacio público efectivo (...) un mínimo de 15 metros cuadrados y por habitante”.

Precisamente este detalle se hace notorio en el ambiente cotidiano del Centro de Barranquilla, donde las ventas estacionarias sobre la vía y el sendero peatonal obstaculizan el andar de los transeúntes y vehículos que circulan por este sector de la ciudad.

De pronto, a las 9:30 de la mañana, el grito de un vendedor de frutas promocionando el centenar de manzanas rojas y verdes, que lleva en la carretilla por la mitad de la calle 33 entre carreras 43 y 44, se confunde con la desesperada solicitud de un conductor de vehículo particular por obtener el paso a través de la bocina del carro, el mismo que pasa a escasos milímetros de un caminante que debe hacer una pirueta para evitar ser arrollado.

“Me toca estar dándole tres y hasta cuatro vueltas al Centro con la carretilla para que no me quiten el negocio”, manifiesta Jorge Orozco, de 49 años, quien agrega que no alcanzó a censarse en la última revisión que hizo el Distrito al conteo de vendedores, que terminó arrojando 9.160 inscritos en 2011.

Peatonalización del Centro

Uno de esos miles de censados es Nicolás Cervantes, quien ha sido incluido en los tres conteos históricos que ha hecho el Distrito, desde 1984, cuando se estacionó en la esquina de la carrera 43 con calle 33; el de 2005 y el de 2011.

El hombre de 65 años, quien tiene en su carretilla cubierta de corozos el código 3011 que le fue asignado tras ser censado, cuenta que el año pasado perdió “$3 millones cuando unos hombres que le sirven a Control Urbano me arrebataron el negocio, me regaron las frutas y me destruyeron la carretilla para montarla al camión que utilizaron en el operativo”, dice Cervantes.

Estos son los módulos donde serán reubicados parte de los vendedores a finales del presente mes.

Al actual vendedor de corozos, que en otros tiempos ha vendido manzanas, le inquieta que se demore tanto la reubicación a la que adquirió derecho por estar censado y al mismo tiempo teme que el lugar que le sea estipulado lo margine de la parte donde siempre ha sacado mayor ganancia.

“Desde hace 12 años estoy esperando la reubicación, pero no sé ni cuándo ni a dónde me van a llevar. Temo que las ventas se vean desfavorecidas por el cambio de sitio, y que no sea centralizado”, estima.

Demoras en la entrega

Elkin Gutiérrez coincide con respecto a las demoras en la reubicación de los negocios, tras la peatonalización del Centro, cuya inversión supera los $11.000 millones. Él hace parte de los vendedores que fueron estacionados “parcialmente” en la carrera 42, entre calles 33 y 34, a un lado de la Iglesia de San Nicolás, en el año 2016. “Pido que agilicen las obras. Nos dijeron que íbamos a estar aquí por cuatro meses y ya han pasado dos años”, señala el zapatero de 28 años.

Y es que los trabajos para recuperar seis tramos viales en esta zona, los cuales comenzaron el 26 de julio de 2016, tenían como plazo inicial enero de 2017. Pero la fecha fue aplazada a mayo del mismo año y de ahí hasta antes de finalizar este semestre.

Por su parte, la directora de Asocentro, Dina Luz Pardo, confirma este último plazo. Incluso, especifica fechas para la entrega de las obras sectorizadas. “El 30 de agosto deben estar listas las obras civiles y quedaría pendiente la bocacalle de la carrera 41 con calle 32 para terminar los primeros días de septiembre”, sostiene la dirigente, quien agregó que, en el caso de los mobiliarios sobre la calle 33, “se prevé que se entregue a final de mes, siendo la primera que se inaugure”.

Mientras que las demás reubicaciones se llevarán a cabo entre finales de septiembre y octubre. Solo hasta noviembre, según añade Pardo, estaría todo el proyecto listo como se estableció: obras civiles, vías para el peatón, mobiliarios con los vendedores reubicados en estos y las edificaciones que se reconstruyeron como Robertico, Galería Muvdi, Volpe y el antiguo Banco Comercial.

De acuerdo con la dirigente, con las entregas de estas obras se espera que los vendedores tengan “un excelente fin de año en cuanto a las ganancias se refiere, después de dos temporadas tétricas” y agrega que es necesario el apoyo que el Distrito pueda brindar impulsando el regreso de la ciudadanía para realizar sus compras allí.

“Los vendedores tienen todas las esperanzas de contar con el Distrito, principalmente en el acompañamiento promocional para atraer al cliente, porque la gente dejó de ir por las obras. Lo que falta lo están trabajando a toda marcha”, indica.

Mientras que el director de Asovendedores, Joaquín Cervantes, asegura que los 424 vendedores que hacen parte de su agremiación han pedido agilizar la entrega de obras por “las pérdidas que superan el 50%” en las ventas. “Es una obra sin precedentes que permitirá dinamizar el Centro”, pero —agrega— “Los vendedores se han empobrecido con esta obra”.

Los 424 miembros de este colectivo serán reubicados en el tramo de la calle 33, entre carreras 40 y 41; el tramo de la 33, entre 42 y 43; el tramo de la carrera 41, entre calles 32 y 30; y el tramo de la calle 31, entre carreras 41 y 42.

Esquina de la calle 33, entre carreras 43 y 44, la cual está convulsionada por vendedores y carros.

Entre tanto, el secretario de Control Urbano y Espacio Público del Distrito, Henry Cáceres, explica que las demoras para la peatonalización del Centro se deben a las complicaciones que hubo desde el inicio en aspectos como el diseño inicial de la obra y la antigüedad de la infraestructura que se iba a reemplazar.

“El diseño inicial no es el mismo que vamos a entregar, las captaciones no tenían la capacidad que generaría el proyecto por lo que tocó hacer el canal de cuatro metros y eso tomó más tiempo. Adicionalmente, la infraestructura que se encontró al excavar era de un material de más de 89 años, por lo que tocó cambiarla absolutamente toda”, sostiene el funcionario, quien agrega que se tuvo en cuenta las peticiones de los comerciantes de mermar la jornada de las obras por temporadas altas en ventas como diciembre, vacaciones de mitad de año, amor y amistad, y Carnaval.

En la actualidad, según asegura el jefe de esta cartera, las obras avanzan en un 90%.

Para Fidel Altamar, quien transita en zigzag subiendo por la carrera 41 buscando el Paseo Bolívar y esquivando las ventas estacionaras sobre la vía, el hecho de que los vendedores vayan a tener un espacio fijo que no interrumpa el paso de los peatones es positivo y aporta a una mayor seguridad. “Con tantos negocios en el camino, se forma un desorden y uno no puede ni transitar bien. Me siento hasta inseguro y con temor de que me puedan robar sin darme cuenta”, dice el hombre de 55 años, quien se dedica a la fotografía.

El Gran Bazar

Mientras que por la suerte del edificio Gran Bazar, Henry Cáceres explica el proceso que se lleva a cabo con este lugar en el que se reubicará a aproximadamente 2.000 vendedores de productos perecederos localizados en Barranquillita. “Ya se compraron los predios hace un par de años, nos encontramos definiendo los diseños y los recursos económicos para ejecutar la obra”, manifiesta el funcionario.

Por el momento, en el sector comercial del Centro se seguirán viendo esas escenas en el que los transeúntes luchan codo a codo con las ventas estacionarias de todo tipo por un espacio y atentos a que algún vehículo no se los lleve por delante.

“Nos hace falta mucho”: Arquitectos

Con respecto al espacio público en Barranquilla, EL HERALDO consultó a los arquitectos Manuel Moreno y Alfredo Gómez, quienes coincidieron al afirmar que faltan más áreas para garantizar el espacio público al peatón en Barranquilla.

“Hay mucha deficiencia a nivel de espacio público. En algunos casos es la invasión, y en los otros, arquitectónicamente, las estructuras no están aptas para el ser humano y sobre todo para la movilidad de la gente discapacitada”, dice el presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos regional Atlántico.

Gómez agregó que hay que seguir buscando zonas verdes, movilidad y ciclo rutas que hacen parte del espacio público.

Por su parte, Moreno, quien oficia como Decano de la Escuela de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad del Norte, señala que edificios como Volpe y Robertico no convienen al vendedor por ser cerrados.

“Las ventas en la calle, para funcionar, necesitan estar en la calle. Es muy difícil que en este tipo de negocios el comprador suba a un segundo o tercer piso”, explica el académico.

Moreno añade que para que todo esto funcione se deben diseñar espacios públicos amables, cómodos, seguros e incluyentes. “No bastará con instalar unas casetas o puestos de ventas, hay que rodearlas bien. No es una tarea fácil, demandará mucho tiempo y compromiso, y sobre todo, mucha educación tanto a los vendedores como a los compradores”, manifiesta.


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