Salvo Basile, en modo ‘luces, cámara, acción’

Fuente: El Tiempo



Salvo Basile (Nápoles, 18 de mayo de 1940) ha sido hasta diablo. Literalmente. Aparecía en la pantalla televisiva, en el año 1997, acariciando un gato negro mientras decía su parlamento. El felino también parecía actor: calmado cuando se requería y maullando cuando se necesitaba.

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La serie se llamó 'La mujer en el espejo', y Basile representaba a Luis Fiero, un diablo encantador pero, por supuesto, malvado. A Basile le brillaban los ojos como al mismísimo demonio.

Ha sido uno de los tantos personajes que el italiano, nacionalizado colombiano y cartagenero de corazón, ha hecho en la televisión nacional. Él ha dicho que le gusta mucho ese personaje “porque, entre otras cosas, lo amaban las mujeres”.

Pero no por eso son menos importantes sus caracterizaciones del Herrero de 'Calamar', Massimo Nero en 'Las noches de Luciana', Vulcano Nostromo en 'Prisionerios del amor', Gian Carlo en 'Café' y el más reciente, Fuad Chadid en 'La luz de mis ojos'.

En cine son recordados sus personajes de Matatigres en 'La estrategia del caracol' y 'Águilas no cazan moscas', y el de Yosip en 'Ilona llega con la lluvia', las tres películas de la mano de Sergio Cabrera, director de cuyas cintas Basile se convirtió en productor y de quien es uno de sus amigos más cercanos.

Basile, el italiano que más defiende Cartagena, que se queja de sus malos gobernantes y ayuda a comunidades de escasos recursos, lleva una vida en Colombia que ya completa casi medio siglo, tiempo en el que ha enriquecido la televisión y nuestro cine.

El Festival de Cine de la capital de Bolívar, que se realiza por estos días, también lo ha tenido en sus entrañas como miembro y presidente de su junta directiva, entre otros cargos. Fue además un gran amigo de Víctor Nieto Núñez, su fundador.

Y por eso, el sábado 9 de marzo será homenajeado con el premio Víctor Nieto a Toda una Vida, que se entrega en la ceremonia de los India Catalina de Televisión, durante los cuales se hará un recorrido por su trayectoria.

Sigue siendo italiano en su hablar y su simpatía. Salvo Basile es una cajita de música que tiene dos recuerdos primeros en su vida: “El más importante fue el primer día que comí algo sólido después de cinco años de guerra mundial, cuando no había comida para nadie. Era el 20 de septiembre de 1944. Estábamos en casa de mi tía Concetta del Prete, en la arruinada Nápoles. Seiscientos bombardeos habían logrado la fuga de los alemanes, nuestros nuevos enemigos; mientras tanto, nuestros nuevos amigos, los gringos de Eisenhower, vomitaban toneladas de bombas para abrirse camino en su avanzada hacia Berlín”, cuenta.

Y el segundo fue “mi primera traba, que fue con un incienso”, cuenta. Así es él: puede mezclar algo doloroso y trágico como la guerra con algo divertido.

Su carrera como actor empezó en el teatro de su país. Hizo personajes muy pequeños en, entre otras obras, La paz, de Aristófanes, y El león en invierno.

A los 24 años participó en la comedia musical Yo, yo, ye, ye, en la que interpretó siete personajes.

Al cine llegó en 1968, a la película Sentado a su derecha, en la cual ratificó su verdadera vocación como actor.

Es un enamorado de este arte, y por eso manifiesta: “Siempre he dicho que el cine es la mejor estrategia para lograr una convivencia pacífica. ¿Dónde más reúnes a 400 extraños encerrados, sentados por dos horas codo a codo en la oscuridad, y no hay un dime ni un direte?”, escribió en una de sus columnas en este diario.

Además, ha sido un defensor de las políticas de cine en Colombia y del país como escenario de grabación.

Desde que ha estado vinculado al celuloide, han pasado por escenarios cartageneros Marlon Brando, Greta Garbo, Rita Hayworth, Robert de Niro, Catherine Deneuve, Bud Spencer y Terence Hill, Franco Nero, Klaus Kinski, entre 1970 y 1990, para llegar a lo que ha sucedido más recientemente y es la presencia de actores como Tom Cruise, Nicolas Cage, Mark Wahlberg, Ang Lee, Will y Jaden Smith, para filmar en el país gracias a las leyes que apoyan el cine.

Pero, en esta travesía, ¿cómo llegó aquí? Fue en 1968. El napolitano era parte del equipo que iba a buscar locaciones coloniales para la película Queimada, del director italiano Gillo Pontecorvo, uno de sus amigos.

Desde su llegada hubo un amor a primera vista con la ciudad. Basile ha contado que le pareció “mágica, y hasta los fantasmas andaban tranquilos por el centro histórico”. La producción fue protagonizada por Marlon Brando en el papel de William Walker, y el local Evaristo Márquez en el de José Dolores.

Basile y su equipo tuvieron el trabajo de conseguir los actores negros y criollos para la producción, pero aún faltaban los blancos para pequeños papeles.

“Para buscarlos, la producción ofreció un coctel en el Club Cartagena”, cuenta Basile, pero la verdad, lo que encontró allí fue a la mujer de su vida, Jaqueline Lemaitre. “Yo la vi y la enfoqué con una cámara, y me dije: esta parece napolitana, y hasta virgen debe ser. Y me pregunté: ‘Será esta? Y, sí, sí fue; imagínate que ya vamos a completar 50 años juntos, nos casamos el primero de mayo del 69”, recuerda.

Ha contado que ella estaba vestida de forma elegante, mientras que él no andaba tan bien presentado, pero, aun así, Jacqueline Lemaitre lo amó también desde el primer momento, pues el noviazgo como tal, antes de pedirla formalmente en matrimonio, solo duró cuatro meses. Tuvieron dos hijos, Alessandro y Gerónimo Basile, que heredaron su vena artística, y ya hay tres nietos.

En la vida de Salvo Basile, además, hay montones de amigos. Muchos ya se han ido, como Alejandro Obregón, Gabriel García Márquez, Fernando González Pacheco, Fernando Gómez Agudelo y Julio Nieto. Otros más están vivos y aprovechan la oportunidad de una buena visita en su casa de Cartagena para hablar con un Basile que es feliz en su hamaca.

Además, el italiano más colombiano escribe columnas y les enseña a los jóvenes sobre cine, pero, eso sí, les advierte que en este momento, cuando es realmente más fácil hacer una película, pues para grabar sirve un buen celular, es muy importante que lean y se enteren del mundo, que sepan qué pasa a su alrededor.

Sabe que aún hay una gran deuda con el cine colombiano, pero dice que la grabación de Quemaida en Cartagena sirvió, hace 50 años, para que se hablara de la ciudad y su belleza. “En ese momento se abrió una puerta: para los italianos fue la Cinecittà del Caribe y para los americanos, la Hollywood tropical”, escribió.

Otro de sus grandes momentos, dice, fue hacer 'La estrategia del caracol', “un pedazo de vida que se hizo por la pura voluntad de todos los participantes, pero que fue gratificante en premios y asistencia de público; después de más de veinte años, sigue siendo una de las más vistas del cine nacional”. Otro buen experimento fue Águilas no cazan moscas, que ganó un premio especial en el Festival de Sundance. Igualmente, valora lo que han hecho los nuevos creadores, como Ciro Guerra y Cristina Gallego, entre otros directores.

Sin una cámara al hombro, pero siempre en modo ‘luces y acción’, lo único que molesta a Salvo Basile es ver el deterioro de Cartagena, esa ciudad que ama y donde se quiere morir y que lo entierren, como contó en una entrevista, con una pepa de mango entre las piernas.

A los casi 79 años y mañana en la noche, con la brisa fresca de la ciudad que ama y con su esposa, sus hijos, sus colegas y sus amigos, este napolitano con alma muy caribe se llevará un India Catalina a su casa, un merecido premio por todo su amor y entrega por nuestro país, que, claro, es su país.

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